COMUNICADO DEL CONGRESO DE LOS PUEBLOS DE COLOMBIA, CAPITULO EUROPA

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Europa, 10 de octubre de 2016

El Capítulo Europa del Congreso de los Pueblos de Colombia recibió los resultados del plebiscito realizado en Colombia el pasado dos de octubre con desconcierto y tristeza. El triunfo del NO nos recordó que la superación de la guerra en Colombia es un proceso complejo y como diría la lengua popular, culebrero.

Todavía con mas desconcierto recibimos la noticia del Premio Nobel de la Paz para el presidente de Colombia Juan Manuel Santos, que hasta ahora no encuentra otra aclaración desde Noruega, que el supuesto hecho de haber desarmado a la guerrilla. En cambio el Comité del Premio Nobel olvidó los asesinatos de jóvenes bajo la figura de los “falsos positivos” y los ataques militares a los países vecinos de Colombia en la guerra por doblegar a las FARC que ocurrieron mientras Santos era ministro de defensa de Uribe Vélez y que por lo tanto corren a su cuenta y responsabilidad. EL gobierno de Santos, como sus antecesores, ha representado los intereses de la oligarquía tradicional y terrateniente, del capital transnacional y de los militares guerreristas y nunca los intereses de la mayoría trabajadora del país. Por consiguiente entendemos ese Premio Nobel como una burla y ofensa al pueblo colombiano que ha sufrido bajo la guerra, que también en años pasados fue comandada por Juan Manuel Santos.

EN relación al plebiscito, nos alegró ver la participación de lxs colombianxs en el exterior que mostraron un amplio apoyo a los acuerdos entre las FARC y el gobierno del presidente Santos para finalizar la confrontación armada que ambos bandos sostienen hace mas de 50 años. Igualmente lamentamos que no se hubiera abierto con anterioridad al plebiscito la inscripción de cédulas para la participación electoral. También es de lamentar que las personas con el estatus de asilo político en los países europeos no pudieron participar en la contienda plebiscitaria a razón de encontrarse en una situación de suspensión temporal de la nacionalidad por efectos vinculado con el otorgamiento de dicho estatus. Si todas esas personas hubieran podido votar en el plebiscito, el apoyo a los acuerdos de la Habana entre la comunidad migrada y en exilio hubiera sido mayor.

Creemos que los resultados del NO en el plebiscito no se dejan explicar sólo desde la manipulación mediática y política que hayan podido hacer la línea guerrerista y acérrima de la oligarquía colombiana, encabezada por el Centro Democrático. Creemos también que es justo y necesario reconocer, como lo escribe el profesor Victor de Currea-Lugo, que “parte de la derrota del SÌ obedece a lo limitado de los mecanismos de participación del proceso con las Farc, lo que le significó una baja legitimidad que se vio reflejada en las urnas”[1].Por tanto, el NO no puede verse de manera absoluta ni tampoco interpretarse unívocamente como la expresión de un pueblo estúpido que no puede diferenciar las mentiras de la manipulación mediática de la realidad, ni mucho menos como expresión de respaldo y apoyo a los expresidentes Àlvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana, que abanderaron el voto por el NO. Parte del NO corresponde a un voto de protesta que no se siente identificado con el proceso de negociación con las FARC, por lo que corresponde a las FARC pero también por lo que corresponde a la posición del gobierno de Santos de no negociar el modelo económico ni la institucionalidad de las Fuerzas Armadas. Aquí queremos recordar las palabras del comandante de las FARC Timoleón Jiménez: “A muchos les quedó muy duro respaldar el plebiscito porque sentían que era respaldar una política económica y social que de pronto no los interpreta”. [2]

 

Otros factores que llevaron al NO en el plebiscito tienen también que ver con las estructuras y formas de la participación de la comunidades y de las organizaciones sociales, como también la agenda social desarrollada en el proceso de negociación de la Habana. Sin embargo las comunidades mayormente afectadas por el conflicto, por ejemplo expresaron su decidido apoyo a los acuerdos de la Habana en el plebiscito e igualmente el pasado 5 de noviembre la población expresó ampliamente en la movilización su apoyo a la búsqueda de la paz negociada. Creemos que independiente del NO en el plebiscito, la salida negociada al conflicto armado interno es la voluntad nacional. De igual manera creemos que no es justo ni apropiado llevar la discusión sobre a paz a la formulación dicotómica entre guerra o democracia parlamentaria. Desde el Exilio y la Migración nos reafirmamos en la organización y movilización popular como única alternativa para construir y mantener una paz con justicia social y a largo plazo. Por eso felicitamos y animamos iniciativas como Paz A La Calle, que a partir de dinámicas asamblearias esta llevando la discusión sobre la paz a prácticas de democracia popular.

El Capítulo Europa del Congreso de los Pueblos, que agrupa y representa a un sector de la población colombiana emigrada y exiliada reafirma la urgencia de convocar a un Gran Diálogo Nacional por la Paz, que reúna a los diferentes sectores sociales del país: organizaciones campesinas, indígenas, obreras, juveniles y estudiantiles, a los procesos de organizaciones de las comunidades negras, a las organizaciones de mujeres y al movimiento LGBTI, a la comunidad emigrada y exiliada, a los partidos políticos, a la iglesia, a lxs pequeñxs y medianxs empresarixs, a las organizaciones de consumidores, y a todos los sectores excluidos históricamente de los espacios de definición política del país. El Diálogo Nacional por la Paz debe ser un espacio para que las organizaciones y movimientos sociales negocien con las élites tradicionales y el Estado colombiano la reconfiguración política del país y las transformaciones sociales necesarias para alcanzar la vida digna y la justicia social para la población colombiana. Por lo anterior nos oponemos decididamente al acuerdo de las élites burguesas que Uribe, Santos y Pastrana están tratando de articular. No queremos un nuevo Frente Nacional y tampoco queremos una nueva Constitución conservadora y retrógrada al estilo de la regeneración de 1886.

Un Diálogo Nacional por la Paz es la voluntad de gran parte de la sociedad colombiana, pero sabemos que éste sólo se podrá conseguir en la calle y por medio de la movilización popular. Igualmente parte de esa movilización popular es la exigencia del respeto a los acuerdos alcanzados en la Habana entre las FARC y el gobierno y la instalación inmediata de la mesa de negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional ELN. Somos de la opinión que las negociaciones con la insurgencia sólo pueden llegar a final término si la insurgencia armada es reconocida por el establecimiento político como actores políticos en legítima resistencia. El derecho a la rebelión armada frente a sistemas de injusticia y represión no puede ser negado por las obsesiones esquizofrénicas de un par de políticos retrógrados. El levantamiento armado en Colombia ha existido desde mucho antes de las FARC y el ELN y volverá a ocurrir aunque estas organizaciones se desmovilicen, si las condiciones de injusticia y represión no desaparecen. La Declaración universal de los Derechos humanos reconoce la rebelión como derecho legítimo y afirma en su preámbulo: que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.[3] Basta de estigmatizar y criminalizar el derecho a la rebelión.

En este momento histórico, el movimiento tiene la posibilidad de construir un proyecto de paz para el conjunto del país que de continuidad al acumulado histórico de las luchas por la justicia social en Colombia, desde la rebelión cimarrona encabezada por Benkos Biohó, de Bolívar el criollo y Galán el comunero hasta el cura internacionalista Manuel Pérez como el combatiente marquetaliano y lider del levantamiento armado campesino de los 60^s Manuel Marulanda Vélez, también conocido por el pueblo como “Tirofijo”, pasando por el presidente indígena José María Melo y la revolución de los artesanos de 1854, el levantamiento indígena de Quintín Lame en 1914, las luchas de María Cano y lxs trabajadorxs de las bananeras al final de los años 20, las luchas gaitanistas de los años 40, Camilo y el Frente Unido en los 60, lxs combatientes de Anorí en los primeros años de los setenta, el paro cívico nacional de 1977, la toma de la embajada dominicana en 1980, Oscar William Calvo, Ernesto Rojas, Alvaro Fayad y Jaime Pardo leal en los años 80, como también Carlos Pizarro y Manuel Cepeda en los 90, muchas otras movilizaciones campesinas e indígenas y figuras que han brillado en las luchas de resistencia en las últimas décadas; todo ese acumulado le otorga la legitimidad al movimiento social y político, incluyendo a la resistencia armada, para pelear por un proyecto de paz, que se configure a través del Gran Diálogo Nacional por la Paz y una participación decisoria, ¡Vamos por más!.

La unidad y la movilización popular son la única garantía para la solución política al conflicto armado y la superación de las condiciones estructurales de empobrecimiento y exclusión social. La paz es un proceso de construcción permanente. Recordando a Jorge Eliécer Gaitán, el pueblo siempre es superior a sus dirigentes. Es hora que el movimiento social y político haga valer su propia agenda y su propia voz y hacer de la consigna de la paz una consigna por la justicia social.

[1] http://colombia2020.elespectador.com/politica/el-eln-despues-del-plebiscito

[2] http://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/timochenko-dice-que-perspectiva-de-la-paz-continua/16717182

[3] http://www.un.org/es/documents/udhr/

 

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