Paz y participación

El SÍ sin memoria carece de sentido, Artículo de Joanna Castro sobre la campaña del Si en el plebiscito sobre los acuerdos de la Habana. Publicado en Palabras al Márgen el 5 de sept. de 2016

Participación de la sociedad en los procesos y espacios de construcción de paz

Elementos para la reflexión desde la perspectiva de personas migradas y en exilio del Congreso de los Pueblos Europa

1. El problema

En Colombia hay elecciones cada 4 años y en la constitución y las leyes colombianas están estipulados una serie de instrumentos, que aunque pretenden abrir espacios de participación de la sociedad, no se hacen efectivos. La minga y el paro camionero, que se saldaron con varios muertos del movimiento social, han mostrado las dificultades existentes para ejercer derechos fundamentales como los de participación, movilización, libertad de expresión o de organización. El incumplimiento por parte del Estado a los acuerdos pactados con las comunidades, la violencia (para)estatal, las persecuciones judiciales y la corrupción son otras de las limitaciones al ejercicio de la oposición política, que muestran además el carácter meramente formal de la democracia colombiana.

En el exterior estas prácticas de negación de derechos y de la participación se repiten con esos 6 millones de personas colombianas obligadas a salir del país por la pobreza, la violencia y la falta de oportunidades. La diáspora continúa siendo víctimas de la inoperancia del Estado colombiano que no está presente para ayudarles a resolver los problemas reales que les afectan en términos de permisos de trabajo, residencia, formación, reunificación y apoyos o protección a las familias contra la discriminación y el racismo que sufren en sus nuevos países de destino.

En el marco del proceso de paz y del actual fortalecimiento del movimiento social la migración colombiana también ha venido exigiendo que se le reconozca desde su diversidad y se abran espacios para facilitar su participación con una voz autónoma, directa, decisoria y vinculante en todos los espacios en donde se definan políticas que le conciernan. Este empoderamiento de la migración está marcado por la particularidad de realizarse en escenarios y contextos sociales, económicos y políticos que van más allá del territorio y la juridicidad colombiana. Como toda diáspora, la colombiana quiere construir estrategias que permitan su visibilización y su conversión en un factor de poder que participa y construye derechos en Colombia y en contextos internacionales en donde los tratados y los convenios involucran a varios Estados y regiones económicas y políticas como es el caso con la Unión Europea, la comunidad andina de naciones o lo que se conoce como Iberoamérica.

2. El carácter de la participación en el proceso de paz

Un proceso de paz inclusivo, en donde la diversidad de la sociedad participa es más legítimo y permite el (auto)reconocimiento y empoderamiento de los diferentes grupos, desarrolla una cultura de la democracia y hace que se construyan acuerdos más estables, realistas y posibles de concretar. Al debatir, escuchar otras posiciones, plantear otras alternativas y tener garantías de seguridad y de cumplimiento de lo pactado se dan pasos reales para construir confianzas y sacar finalmente la violencia de la política y de la concreción de alternativas sociales, económicas, ambientales y de convivencia.

Esa participación de la sociedad debe ir más allá de sumar personas u organizaciones aliadas o amigas a la Mesa y debe en su dinamismo abarcar todas las problemáticas e intereses que están en el origen del conflicto. La inclusión debe facilitar la participación de los diferentes actores de la sociedad en el diseño de los procesos, en la discusión de los temas a tratar, en la elección de criterios de representatividad o en los tipos de consultas a realizar. Las formas como se aprueban los acuerdos, se ponen en marcha, se les hace seguimiento y se les evalúa y da continuidad son también importantes.

Un proceso de paz, que al ser apropiado por el conjunto de la sociedad cuenta con una fuerte legitimidad, permite hacerle frente a los enemigos declarados de la paz, que pueden en algún momento impedir su concreción. A nivel internacional la historia ha mostrado que firmar buenos acuerdos de solución de conflictos armados no lleva siempre a la paz o a sociedades justas, democráticas y libres de violencia. En muchos casos como en Centroamérica la dificultad para su implementación, ocasionada por la falta de vinculación de la sociedad,   no solo NO permitió la solución de las causas estructurales del conflicto sino que dio origen a transformaciones de la violencia y a una profundización de las inequidades que han terminado por afectar a los sectores más pobres.

En el caso del movimiento popular y de las fuerzas progresistas la participación de la sociedad debe ser útil para fijar derechos sociales, políticos, económicos, culturales y civiles que contrarresten los propósitos de aquellos que en nombre de la solución política del conflicto armado quieren solo construir nuevos escenarios para hacer negocios o instaurar nuevas formas de apropiación y concentración de la riqueza y el poder.

3. Participación de la sociedad colombiana en la construcción de la paz

Desde diversos sectores se está reclamando el derecho que tiene el conjunto de la sociedad a la participación en la discusión, definición e implementación de las políticas que les competen y en particular en la construcción de la paz. Algunas de esos propósitos de participación están orientadas a las Mesas entre el Estado y las insurgencias, otros son espacios exclusivos de la sociedad civil y se corresponden con iniciativas de los diversos sectores y los hay también con un grado de institucionalidad importante.

Sin ser exhaustivos entre esos espacios se destacan el Consejo Nacional de Paz y la Asamblea de la sociedad civil para las migraciones en donde se cuenta con alguna participación del Estado. Otros como el Frente amplio por la Paz, Clamor Social y la Mesa Social para la Paz, que tiene también su capítulo en el exterior, han sido impulsados por diversos sectores, partidos y organizaciones no estatales.

La participación de la sociedad en las Mesas de negociación con las insurgencias.

Mesa Farc – Gobierno

En la Mesa de la Habana entre las FARC y el gobierno la participación de la sociedad en el proceso se ha hecho a través de consultas a expertos (Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas), de la recepción de propuestas físicas y/o virtuales sobre los puntos de la Agenda o de la invitación a representantes de ciertos sectores sociales como ha pasado con el movimiento de las mujeres o las víctimas. En lo esencial su carácter ha sido consultivo, no vinculante y han sido el gobierno y la guerrilla de las FARC quienes han elegido a los y las interlocutores sociales.

Hay que destacar que ahora en el acuerdo final las FARC y el gobierno establecen una serie de parámetros que tienen como propósito promover la participación. En el acuerdo final se estipula la necesidad del “fortalecimiento de las organizaciones y movimientos sociales » y de “garantizar el pluralismo, facilitando la constitución de nuevos partidos y movimientos políticos que contribuyan al debate y al proceso democrático, y tengan suficientes garantías para el ejercicio de la oposición y ser verdaderas alternativas de poder”.

En el acuerdo se habla de garantizar la participación de las mujeres en los diferentes espacios de representación política y social teniendo en cuenta los contextos y particularidades en las que ellas han vivido. Se destaca también la importancia que tiene la participación de las víctimas, los grupos étnicos y de la comunidad LGTBI.

Se reconoce además que la oposición no se circunscribe solo a los espacios de representación (electorales) o a los partidos políticos, sino también a los movimientos sociales y populares en el ejercicio de la lucha por sus derechos. Se trata de generar garantías para el ejercicio de la política que incluyen el acceso a los medios de comunicación, a los recursos y la implantación de sistema y programas para la seguridad de líderes y lideresas de organizaciones y movimientos sociales, de defensores y defensoras de derechos humanos y de los y las opositoras políticas. Para tal fin contemplan que se invitaran a las diferentes fuerzas sociales y políticas para elaborar un Estatuto de garantías para el ejercicio de la oposición política y para la movilización y la protesta social.

Aparecen consagrados también disposiciones para mejorar la veeduría ciudadana y la planeación democrática y participativa con enfoque ligados a los territorios y la promoción de la representación política de poblaciones, sectores, grupos y zonas especialmente afectadas por el conflicto y el abandono estatal. En el acuerdo el tema de la población refugiada y exilada se aborda en el capítulo de víctimas en donde se reconoce la necesidad de trabajar para facilitar la reparación y el retorno de este sector de la población.

Mesa ELN – Gobierno

En las conversaciones gobierno – ELN y en particular en el acuerdo firmado la participación de la sociedad es el hilo conductor que vertebrará todo el resto de la agenda (democracia y trasformaciones para la paz, víctimas, etc.). Para la organización rebelde siempre ha estado claro que la definición de los mecanismos para concretarla ni los contenidos de la propuesta no los hacen ni el Estado ni la guerrilla sino la sociedad misma que deberá decir el cómo, el para qué y las formas de concreción.

Con el propósito de sacar la violencia de la política y de acordar las transformaciones que permitan tener una Colombia en paz y equidad el gobierno colombiano y el ELN han acordado que la participación de la sociedad será:

a. En función de iniciativas y propuestas que hagan viable la paz, en el curso y contexto de este proceso.

b. Sobre los temas de la agenda.

c. Un ejercicio dinámico y activo, incluyente y pluralista, que permita construir una visión común de paz que propicie las transformaciones para la nación y las regiones.

Según la organización insurgente existe la intención de hacer un proceso inclusivo de la sociedad que vaya más allá de los simples foros o de las consultas no vinculantes para abarcar formas de trabajo que den protagonismo a las realidades regionales y sectoriales y escuchen la palabra de aquellas organizaciones, personas y procesos que, según la insurgencia, han sido consuetudinariamente excluidos. Proponen el establecimiento de un gran dialogo nacional.

La Mesa social para la paz

De parte del movimiento social colombiano esa necesidad de mejorar la democracia y hacerla realmente participativa está siempre presente y pasa por la necesidad de concretar un proceso de paz que incluya cambios reales. Ese movimiento social y en particular el ligado al Congreso de los Pueblos y a las diferentes expresiones organizativas de los grupos étnicos viene trabajando desde hace años para incorporar – como dice el investigador Alejandro Mantilla – las agendas y las propuestas de los movimientos sociales en las discusiones de paz. Se pretende que nuevas formas de participación como las mingas, los cabildos, los encuentros y procesos asamblearios tengan en estos procesos y espacios de paz características vinculantes y ejecutivas.

En la Mesa social para la paz, que es una iniciativa desde la sociedad que apoyamos en tanto que Congreso de los pueblos, se han juntado además un número importante de organizaciones sociales y populares, de derechos humanos, étnicas, de mujeres, migrantes, etc. o de congregaciones basadas en la fe que trabajan para constituir un escenario que aporte decididamente al fin del conflicto social, político y armado.

En la Mesa Social para la Paz se busca que se encuentren el movimiento social popular y los poderes institucionales y económicos para debatir en un gran “Dialogo Nacional” sobre los problemas que aquejan al país, acordar salidas eficaces a los conflictos sociopolíticos que determinan el conflicto armado y pactar las bases para una sociedad democrática, justa y en paz. A ese dialogo nacional están llamados también el empresariado colombiano y transnacional, las Fuerzas Militares, los militares en retiro, los medios comerciales de comunicación, los partidos políticos, los gobiernos regionales, así como a la academia, las iglesias y comunidades basadas en la fe. Este espacio es independiente de las Mesas Estado – Insurgencia y ante las líneas rojas que sobre temas como el modelo económico, la doctrina militar, la discusión sobre la propiedad, etc. ha impuesto el gobierno, ella parte del principio en que para la sociedad no pueden haber temas vedados.

4. La migración colombiana y el proceso de paz

En el extranjero han tenido lugar algunas negociaciones de paz entre el Estado colombiano y las insurgencias y en ella se cuenta con el apoyo de la comunidad internacional y los “países amigos” que han actuado como garantes, cooperantes o facilitadores. Sin embargo en esos diálogos, la participación de la comunidad colombiana residente en el exterior se limitó hasta hace algunos años a apoyos personales para facilitar los procesos o para hacer labores de mediación —muchas veces no oficiales— ante los Estados, las instituciones, las organizaciones no gubernamentales y los grupos involucrados.

En las Mesas de negociación entre el gobierno y las guerrillas no se han abordado en profundidad ni los problemas que afectan a la migración y el exilio, ni se han creado espacios para incluirlos en las agendas de negociación. No obstante aunque la migración y el exilio siguen estando invisibilizadas, hay que destacar que en los últimos años la situación ha evolucionado y desde diversas organizaciones y partidos políticos de todas las tendencias o movimientos han surgido espacios como el de los “Exiliados perseguidos por el Estado y el paramilitarismo colombiano”, el “Foro Internacional de Victimas (FIV)” o la misma Mesa Social para la paz con sus capítulos en Latinoamérica y Europa que quieren abrir espacios para que se tenga en cuenta su realidad y protagonismo

Participación de la sociedad en lo concreto. Nuestra propuesta en tanto que personas migradas y refugiadas en Europa:

El propósito de nuestra asamblea es el de elaborar colectivamente una posición frente a la participación de la comunidad emigrada y en exilio en los procesos de negociación política en Colombia, tanto entre el gobierno y la insurgencia armada como también en las propuestas desde los movimientos sociales y las organizaciones políticas. Esta participación se hará con un enfoque diferencial teniendo en cuenta el género, la generación, las diversidades sexuales y étnicas, las razones o causas de la migración y/o exilio y las diferentes condiciones de vida en los países de exilio y migración.

Para facilitar la participación activa y la representación de la migración y el exilio en el debate político sobre la transición a nuevos escenarios de confrontación política y de definición de derechos, en particular en aquellos campos que le conciernen debemos discutir una serie de temas que nos den pistas sobre los espacios a construir, los momentos en los cuales esta se desarrollará, los criterios y mecanismos de selección, los procedimientos para la toma de decisiones, la comunicación al interior de la Mesa y al exterior de la misma, la pedagogía de paz, etc.

Con el fin de construir una propuesta colectiva y una ruta para nuestra participación proponemos abordar estos temas a través de las siguientes cuestiones:

En concreto queremos que respondan a las siguientes preguntas:

1. ¿A través de cuáles instrumentos en concreto debe ser la participación de la sociedad en Colombia? ¿Y en el exterior? Qué iniciativas podemos implementar en tanto que actores sociales que vivimos en el exterior?

2. ¿Cómo participaría la diáspora colombiana en este proceso y a través de qué formas?

3. ¿Qué carácter (vinculante, consultivo, etc.) debe tener la participación?

4. ¿Cómo converger con otros procesos y colectivos que tendrían que estar presentes si lo que se quiere es que participe la diáspora en toda su diversidad?

5. ¿Cómo encontrar un equilibrio entre lo participativo y lo representativo? ¿Con base en qué criterios y con cuáles procedimientos actuar? ¿Cómo vincular al proceso a las personas que no están organizados, que no han sido escuchadas entendiendo las limitaciones de tiempo, dispersión geográfica y temática existentes?¿Cuál sería el calendario o marco de tiempo a fijar teniendo presente que la participación es determinante en la discusión de los otros puntos?

6. ¿Qué otros elementos de reflexión o propuestas consideran ustedes deben ser tenidos en cuenta?

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